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Valores personales: cómo identificar los tuyos y usarlos en las decisiones difíciles

Pídele a alguien que enumere sus valores y el resultado es casi siempre el mismo: honestidad, familia, libertad, respeto. Una lista respetable, producida en veinte segundos, y con una probabilidad alta de no describir a esa persona en particular. Las listas hechas así dicen más sobre lo que es socialmente aceptable decir que sobre lo que de verdad organiza una vida.

Los valores que te gobiernan realmente están en otro sitio. Están en lo que haces cuando dos cosas buenas se excluyen mutuamente, en lo que te irrita cuando los demás las violan, y en lo que sigues eligiendo incluso cuando sale caro. Este artículo explica qué es un valor, muestra el mapa que la psicología construyó para organizarlos, y da tres métodos para descubrir los tuyos a partir de evidencia en lugar de aspiración.

Qué es un valor personal

Un valor es un objetivo deseable, relativamente estable, que sirve de principio orientador en tu vida. Esta es la definición con la que trabaja la psicología social, y cada parte de ella hace su trabajo.

Trasciende situaciones. Un valor se aplica en contextos distintos. Si la autonomía es un valor tuyo, pesa en el trabajo, en las relaciones y en cómo respondes a los consejos no pedidos. Preferir trabajar solo en una tarea concreta es una preferencia, no un valor.

Se ordena por prioridad. Aquí está lo que distingue los valores de las buenas intenciones. Casi todo el mundo suscribe seguridad, libertad, éxito y lealtad. Lo que te define es el orden en que los sacrificas cuando no puedes tenerlos todos.

Orienta la evaluación. Usas tus valores para juzgar a personas, acciones y acontecimientos, muchas veces sin darte cuenta. La irritación desproporcionada ante el comportamiento ajeno suele ser un valor tuyo que están pisando.

Conviene separar valores de rasgos de personalidad. Un rasgo describe cómo tiendes a comportarte, un valor describe qué consideras importante alcanzar. Una persona poco extrovertida puede valorar profundamente el vínculo humano, y la distancia entre ambas cosas explica buena parte de su frustración. Los rasgos son el territorio de los Cinco Grandes; los valores son otra capa, con reglas propias.

Los diez valores de Schwartz, y el círculo que explica los conflictos

En 1992, Shalom Schwartz propuso una teoría de los valores humanos básicos que se convirtió en el estándar del campo. La puso a prueba en decenas de países, con muestras que hoy superan las ochenta naciones, y encontró una estructura que se repite en culturas muy distintas entre sí. Puedes leer la síntesis del propio autor en acceso abierto.

Son diez valores.

Autodirección. Pensamiento y acción independientes, elegir, crear, explorar.

Estimulación. Novedad, desafío, una vida con movimiento.

Hedonismo. Placer y gratificación sensorial.

Logro. Éxito personal demostrado a través de la competencia, según estándares reconocidos.

Poder. Estatus, prestigio, control sobre personas y recursos.

Seguridad. Estabilidad y armonía, en la sociedad, en las relaciones y en ti.

Conformidad. Contención de impulsos que puedan molestar a otros o violar expectativas.

Tradición. Respeto y aceptación de las costumbres e ideas de la cultura o religión de origen.

Benevolencia. Preservar y mejorar el bienestar de las personas con las que tienes contacto cercano.

Universalismo. Comprensión y protección del bienestar de todos y de la naturaleza.

La parte verdaderamente útil de la teoría viene después. Estos diez valores se organizan en un círculo, y la posición en el círculo predice las tensiones. Los valores adyacentes se apoyan mutuamente, los opuestos entran en conflicto. Eso produce dos ejes que explican la mayoría de los dilemas reales.

El primer eje opone apertura al cambio, que junta autodirección y estimulación, a conservación, que junta seguridad, conformidad y tradición. Es el eje de quien quiere explorar contra quien quiere preservar.

El segundo opone autopromoción, que junta poder y logro, a autotrascendencia, que junta benevolencia y universalismo. Es el eje de servirte a ti contra servir a los demás.

Cuando una decisión te paraliza durante semanas, casi siempre encuentras uno de estos dos ejes debajo. La dimisión que dudas en presentar es apertura contra seguridad. El ascenso que te quita tiempo con los hijos es autopromoción contra benevolencia. El círculo no decide por ti, pero nombra lo que está en juego, y nombrar reduce bastante la sensación de estar simplemente confundido.

Una revisión de 2012, liderada por el propio Schwartz, refinó el modelo a diecinueve valores más finos, manteniendo la estructura circular. Para uso personal, los diez originales bastan.

Por qué dices un valor y vives otro

La distancia entre valores declarados y comportamiento real es conocida, medida y bastante grande. Vale la pena entender de dónde viene, porque la explicación perezosa, la hipocresía, casi nunca es la verdadera.

Deseabilidad social. Algunos valores suenan mejor que otros. Universalismo y benevolencia son fáciles de reivindicar. El poder es el valor más subdeclarado en los estudios, y a la vez un motor perfectamente legítimo de muchas vidas bien vividas.

Herencia por defecto. Una parte de lo que dices valorar se absorbió de la familia y nunca pasó por revisión. Sigue ocupando espacio en la lista sin haber sido elegida nunca.

Ausencia de conflicto. Un valor solo se revela cuando cuesta algo. Si nunca has tenido que elegir entre seguridad y autonomía, no sabes cuál pesa más en ti, solo cuál suena mejor.

Demasiado contexto. Mucho de lo que haces lo dicta la situación y no tus prioridades. Por eso la correlación entre valores y comportamientos aislados suele ser modesta en la literatura, y sube cuando se miran patrones repetidos a lo largo del tiempo en lugar de actos sueltos.

Cómo identificar los tuyos: tres métodos

Los tres parten de evidencia ya existente, lo que evita producir otra lista aspiracional.

El método de las decisiones caras. Enumera cinco decisiones de los últimos años en las que renunciaste a algo real: dinero, tiempo, estatus, una relación, comodidad. Para cada una, escribe qué ganaste a cambio. El patrón que aparece en esa columna es tu sistema de valores en funcionamiento, medido por el precio que ya pagaste. Este método es el más fiable de los tres precisamente porque las elecciones ya están hechas y no se pueden embellecer.

El método de la irritación. Durante dos semanas, anota todo lo que te irrita de forma desproporcionada en el comportamiento ajeno. Alguien que siempre llega tarde, alguien que se atribuye el trabajo de otros, alguien que sigue la regla cuando la regla no tiene sentido. Cada irritación fuerte apunta a un valor tuyo que está siendo violado. Es un método rápido e incómodamente preciso.

El método de la eliminación. Coge los diez valores de Schwartz y elige los cinco que te parezcan más importantes. Después fuérzate a recortar hasta dos. El recorte es donde está la información: los cinco iniciales son consenso, los dos finales son tuyos. Si te quedas atascado entre dos, pregúntate cuál sacrificarías para salvar al otro en una situación concreta que hayas vivido.

Si prefieres trabajar esto por escrito y con estructura, las preguntas de autoconocimiento sirven bien de guion, y el registro repetido a lo largo de semanas muestra patrones que una sesión única esconde.

Qué hacer cuando dos valores tiran en direcciones opuestas

Este es el problema real, y la mayor parte de lo que se escribe sobre valores lo evita.

El círculo de Schwartz te dice algo incómodo: algunos de tus valores son estructuralmente incompatibles. Seguridad y estimulación ocupan lados opuestos, y ninguna organización inteligente de tu vida hará que dejen de contradecirse. El trabajo útil está en gestionarla con conciencia.

Tres formas de hacerlo funcionan mejor que el intento de eliminar el conflicto.

Separar por dominio. Puedes vivir la estimulación en un territorio y la seguridad en otro. Carrera estable y vida personal exploratoria, o al revés. Mucha gente hace esto por instinto y se siente incoherente por ello, cuando en realidad ha encontrado una solución funcional.

Separar por fase. Los valores cambian de peso a lo largo de la vida, con un patrón observado repetidamente: conservación y autotrascendencia tienden a subir con la edad, apertura al cambio y autopromoción tienden a bajar. Una década de exploración seguida de una década de consolidación es una secuencia coherente.

Decidir la prioridad de antemano. Si sabes que, en un choque directo entre autonomía y pertenencia, eliges autonomía, decides más rápido y te arrepientes menos. La indecisión prolongada suele ser prioridad sin definir, más que falta de información.

Usar los valores en las decisiones grandes

Hay una diferencia práctica entre objetivos y valores que cambia la forma de decidir. Un objetivo puede alcanzarse y tacharse de la lista. Un valor funciona como dirección, y nunca queda concluido. Esta distinción viene del trabajo en terapia de aceptación y compromiso, y tiene una consecuencia inmediata: preguntar cuál de las opciones te acerca a la dirección que elegiste produce respuestas más estables que preguntar cuál te hace más feliz.

Tres preguntas hacen la mayor parte del trabajo en una decisión difícil.

Cuál de las opciones me acerca a lo que ya he demostrado valorar, mirando las decisiones caras que enumeré. Cuál estoy evitando por miedo, con el valor haciendo de justificación después del hecho. Y dentro de diez años, cuál voy a defender sin necesidad de explicársela a nadie.

Cabe añadir un aviso. Los valores sirven para orientar elecciones, y también sirven, con una facilidad notable, para justificar lo que ya habías decidido por otros motivos. Quien invoca la lealtad para quedarse en un sitio del que tiene miedo de salir está usando un valor como camuflaje. La prueba es simple: si el valor te aparece siempre del lado de la opción más cómoda, probablemente está trabajando para el miedo.

Qué le hace a una persona escribir sobre sus valores

Hay aquí un efecto bien documentado que merece nota, porque es de los pocos ejercicios de autoconocimiento con evidencia experimental sólida.

Geoffrey Cohen y David Sherman estudiaron durante décadas qué ocurre cuando alguien escribe durante quince minutos sobre un valor personal importante y sobre una ocasión en que ese valor estuvo presente en su vida. La revisión de referencia, The Psychology of Change, publicada en la Annual Review of Psychology en 2014, reúne lo que se sabe. Estos ejercicios breves de autoafirmación reducen la reactividad defensiva ante información amenazante y mejoran resultados en educación, salud y relaciones, con efectos que en algunos estudios persisten durante meses o años.

El mecanismo propuesto es que escribir sobre un valor amplía la visión que tienes de tus propios recursos, y una amenaza específica pasa a pesar menos porque deja de ser lo único que hay sobre la mesa.

Dos advertencias honestas. Los efectos mayores aparecen en contextos de amenaza, como un examen difícil o un diagnóstico, y son bastante menores en circunstancias neutras. Y la literatura de intervenciones psicológicas breves ha pasado por una revisión crítica seria en los últimos años, con varios efectos encogiendo en replicaciones de mayor escala. El ejercicio cuesta quince minutos y tiene riesgo nulo, lo que sigue haciéndolo una apuesta razonable, sin esperar milagros.

Valores compartidos en las relaciones

La pregunta que interesa aquí es cuál de las dos cosas predice mejor una relación duradera: valores iguales o valores compatibles.

La investigación sobre compatibilidad sugiere que la semejanza en valores cuenta, y menos de lo que la cultura popular asume. Lo que pesa más es la forma en que la pareja maneja las diferencias que existen, tema que ya tratamos en qué predice realmente una relación duradera.

Aun así, hay un subconjunto de valores donde la divergencia cuesta más, y son los que generan decisiones concretas y repetidas: dinero, tiempo, hijos, raíces, ambición. Dos personas con posiciones opuestas en el eje apertura contra conservación van a negociar siempre la misma discusión de fondo, disfrazada de vacaciones, casa y horarios. Esto tiene solución, y la solución empieza por reconocer que la discusión es siempre la misma.

Esta capa, la de entender qué significa para ti una vida realizada y cómo eso se traduce en el día a día, es lo que Agapone lee en la categoría Estilo de Vida, con la Definición de Éxito y la Brújula Cívica mapeando precisamente dónde se decide la compatibilidad a largo plazo.

Para llevarte contigo

Tus valores ya están funcionando, decidas o no mirarlos. Aparecen en las decisiones que ya tomaste, en lo que te irrita de los demás y en lo que sigues eligiendo cuando sale caro.

El trabajo útil tiene dos partes. Primero, sustituir la lista aspiracional por una lectura basada en evidencia, que suele ser menos halagadora y mucho más operativa. Después, aceptar que algunos de tus valores se contradicen por construcción, y que gestionarlos por dominio, por fase o por prioridad decidida de antemano es lo mejor que hay.

Una lista de valores sirve para una cosa concreta: decidir más rápido y arrepentirte menos. Si la tuya no hace eso, probablemente todavía estás mirando la lista que dirías en voz alta.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los valores personales?

Son objetivos deseables, relativamente estables, que sirven de principios orientadores en la vida de una persona. Trascienden situaciones concretas, se organizan por orden de prioridad, y es ese orden, más que la lista en sí, lo que distingue a una persona de otra. Casi todo el mundo suscribe los mismos valores en abstracto.

¿Cuáles son los diez valores universales de Schwartz?

Autodirección, estimulación, hedonismo, logro, poder, seguridad, conformidad, tradición, benevolencia y universalismo. Se organizan en un círculo donde los valores adyacentes se apoyan y los opuestos entran en conflicto, con dos ejes principales: apertura al cambio contra conservación, y autopromoción contra autotrascendencia.

¿Cómo descubro cuáles son mis valores?

Parte de la evidencia que ya existe en lugar de hacer una lista aspiracional. Analiza cinco decisiones en las que renunciaste a algo real y mira qué ganaste a cambio. Registra durante dos semanas lo que te irrita de forma desproporcionada en los demás. Y fuerza una elección entre los diez valores de Schwartz hasta que queden dos, porque la información está en el recorte.

¿Los valores personales cambian a lo largo de la vida?

El núcleo es relativamente estable, y el peso relativo de cada valor cambia siguiendo patrones observados repetidamente. Conservación y autotrascendencia tienden a ganar peso con la edad, apertura al cambio y autopromoción tienden a perderlo. Acontecimientos de fuerte impacto, como una enfermedad o la paternidad, pueden acelerar esa reordenación.

¿Qué hago cuando dos valores míos están en conflicto?

El círculo de Schwartz muestra que algunos valores son estructuralmente opuestos, como seguridad y estimulación, y que la contradicción no desaparece. Las tres estrategias que funcionan son separar por dominio, viviendo cada uno en un territorio distinto de la vida, separar por fase, y decidir la prioridad antes de estar dentro de la situación.

¿Sirve de algo escribir sobre mis valores?

Los ejercicios de autoafirmación, en los que se escribe quince minutos sobre un valor importante y una ocasión en que estuvo presente, reducen la reactividad defensiva y mejoran resultados en contextos de amenaza, según la revisión de Cohen y Sherman de 2014. Los efectos son mayores bajo amenaza y más modestos en circunstancias neutras.


Agapone cruza tus valores con otras capas, del estilo de vida a la forma en que te vinculas con los demás, para mostrar dónde tu definición de una vida buena se encuentra con la de otra persona. Si quieres ver esa lectura en práctica, visita Agapone y explora tu perfil.

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